El Bicentenario de la esperanza
El Bicentenario invita al balance sobre el pasado y también a asumir el protagonismo en positivo que demanda la construcción de un futuro mejor.
Transcurre el mes de mayo y cada día tenemos noticias de celebraciones, eventos académicos y producciones culturales sobre el tema del Bicentenario.
Las interpretaciones son variadas. Algunas miradas resultan francamente pesimistas y parecen esforzarse en encontrar cualquier ejemplo contemporáneo que sirva para demostrar lo mal que estamos. Una variante de esa perspectiva es la nostálgica: aquella que se apoya en el popular dicho (y no por ello menos pernicioso) de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Vista de esta manera, la historia queda reducida a una cadena de eventos pretéritos que justifican y explican cualquier presente.
Por otra parte, escuchamos la afirmación autista sobre el “destino de grandeza” de la Argentina, país que estaría “condenado al éxito”. Desde esta perspectiva, nuestras actuales dificultades, divisiones y heridas, nuestras “deudas internas”, son apenas pequeñas sombras de un tiempo luminoso. Para otros, este es el momento de las reivindicaciones a ultranza, del ajuste de cuentas con el pasado (reciente y no tanto), de la profundización de un modelo. El tiempo de la revancha. Tiempo justificado, una vez más, por otros tantos relatos históricos.
¿Pero qué podemos decir realmente de una historia que comenzó hace tanto tiempo?




