Fundamentación


Desde el comienzo del milenio, hemos asistido a profundas transformaciones sociales tanto en las relaciones entre los estados nacionales y sus sociedades, como en los patrones de la organización económica y política.

En América Latina hemos participado de una creciente democratización, aunque evidenciando una vez más las ventajas y tensiones que afectan a la asociación entre democracia y capitalismo. Si bien se ha producido la incorporación de poblaciones enteras al ejercicio pleno de los derechos políticos, las desigualdades cada vez más profundas entre pobres y ricos (se trate de países o de clases sociales), la desocupación y el deterioro de las condiciones de trabajo, el debilitamiento de las instituciones estatales responsables de la justicia, la salud y la educación, han generado nuevas formas de exclusión y marginación.  América Latina es el continente que manifiesta mayor inequidad. Las políticas implementadas en la mayoría de los paises de la región, lejos de mejorar esta situación la han deteriorado, aún en los países que registran crecimiento económico sostenido.

Las crisis sociales y políticas desencadenadas desde el 2000 y que aún se suceden en diferentes países, poniendo en riesgo la continuidad de las democracias, señalan la necesidad de nuevas prácticas políticas, económicas y sociales capaces de responder a las exigencias de la ciudadanía que, aún con reclamos heterogéneos, tienen el común denominador de no tolerar más las injusticias ni los privilegios que socavan las bases de la representación y de la participación democrática.

La persistencia de estos problemas se debe a que buena parte de los intentos de solución se encuentran cautivos de las divisiones y fragmentaciones que caracterizan el escenario y las prácticas políticas, económicas y sociales vigentes. Las iniciativas de promoción y desarrollo pierden sentido y eficacia cuando se confunden con estrategias clientelares de sustentación del poder. Por eso, para encontrar soluciones verdaderas a estos problemas se requieren marcos de concertación capaces de devolver a las políticas públicas de desarrollo y superación de la pobreza  las necesarias visiones de largo plazo.

La necesidad de un nuevo paradigma

Los problemas y dificultades señaladas, evidencian del agotamiento de un paradigma de acción política y de ordenamiento económico-social cuyo sustrato cultural se construye sobre una visión de individuo restringida. La persona no es solo auto-interés, ni el único objetivo de su vida es la maximización de su ganancia o poder. El ser humano es también capaz de donación, generosidad, de búsqueda de justicia y del bien común. Esta capacidad ha sido menospreciada por el paradigma vigente. La vigencia de esta cultura individualista y especulativa explica en buena parte la persistencia de los problemas de pobreza e inequidad en nuestra región. Su proyección al campo de la política y de la economía, es la prevalencia de la competencia sobre la cooperación, de la  beligerancia sobre el acuerdo y de la desconfianza sobre la confianza. Se destruyen de este modo las bases del capital social sin el cual, como esta demostrado en diversas investigaciones, no hay posibilidad para verdaderos cambios estructurales ni desarrollo humano posible.  

Desde el 2003 La Fundación Cláritas trabaja para dar una respuesta concreta a esta realidad. Para ello, centra su misión en la formación de lideres sociales en la lógica de la busqueda y promoción de la cohesión social y la fraternidad.
América Latina padece un profundo déficit de cohesión social. Éste es el gran mal que atraviesa la región: la pérdida de fortaleza de los vínculos sociales  y de los lazos de pertenencia, la carencia de una comunidad de principios de cooperación que permitan definir futuros posibles para todos.
La Fraternidad es una categoría socio-política que expresa claramente una oposición a la visión individualista promovida por el paradigma vigente. Es el principio básico de cohesión entre lo diferente, del sentido de pertenencia a lo común a partir de lo diverso. Expresa por excelencia el derecho de todos los seres humanos a estar incluidos en un proyecto común, valorando por igual la dignidad y la libertad de cada uno.  

El principio de la fraternidad tiene consecuencias inmediatas en los contenidos, en los procedimientos y en el fin de la acción política, económica y social.
En relación con el contenido, la fraternidad exige la superación de las asimetrías y de las desigualdades propias de la condición humana. La fraternidad exige el empoderamiento de quien  menos poder tiene. Para la acción política significa el empoderamiento ciudadano generando las condiciones para una efectiva participación. En el plano económico-social, significa dar la oportunidad a cada sujeto de que sea artífice de su desarrollo.

En cuanto a los procedimientos, el método por excelencia de la fraternidad es el diálogo. Entendido no como mero intercambio de posiciones sino como reconocimiento del otro en su diversidad como interlocutor válido y necesario. Pero el diálogo no es un fin en sí mismo. El fin del diálogo fraterno es la sociedad fraterna. Es un proyecto político, económico y social de inclusión de todos en la posibilidad del diálogo, la deliberación y la toma de decisiones.  

En este sentido la fraternidad surge como principio de inclusión y participación de quienes están en situación de exclusión por motivos políticos, económicos y sociales; e implica por parte de los demás el compromiso prioritario de buscar acuerdos para generar estos procesos.

Este es el marco y las bases sobre las cuales se desarrollará el 1º Encuentro Virtual Latinoamericano de Emprededores Sociales. Éste será el espacio de dialogo propuesto para trazar juntos líneas de acción en base al dialogo y enriquecimiento recíproco en vistas de la consolidación de lazos de fraternidad que contribuyan a la transformación de nuestra región.

Avalan

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