Educar sin límites
Más de un millón de chicos estudian en zonas rurales, de frontera, en islas, hospitales, cárceles e institutos. Docentes, alumnos, organizaciones sociales y comunidades se enfrentan a la tarea de formarlos en contextos hostiles. Y hacen lo imposible para garantizarles el derecho a aprender.
Una escuela sobre el agua, otra en el medio de la nada, una al pie de una cama en un hospital, otra detrás de las rejas, y más acá, otra improvisada en un asentamiento precario. En todos estos lugares, el aula es más que un aula; los maestros, más que maestros, y la enseñanza y el aprendizaje sólo una mínima parte de lo que allí transcurre. Quienes aprenden son más de un millón de chicas, chicos y adolescentes que asisten a escuelas rurales, estudian en salas de hospitales, reciben a los maestros en sus casas, pertenecen a pueblos originarios o cursan sus estudios primarios y medios en cárceles e institutos cerrados.
Las estadísticas y los propios involucrados dan cuenta de un importante avance en la escolarización en los niveles obligatorios, establecida por la nueva ley de educación –la 26.206, que rige desde 2006–, potenciada, luego, con la implementación de la Asignación Universal por Hijo, sobre todo en el secundario, uno de los puntos todavía débiles del sistema educativo.
Sin embargo, quizá porque se insiste con “viejos métodos de respuesta”, junto al innegable crecimiento de la matrícula, “conviven viejos problemas a los que aún no se les han encontrado solución”, analiza Nancy Montes, socióloga, especialista en estadística social y educativa.
En este sentido, subraya que “subsisten desigualdades en el acceso a la educación que son territoriales” y sostiene que “las zonas más pobres del país tienen diferencias todavía importantes respecto de los sectores más favorecidos”.
“Las áreas rurales están lejos de las condiciones óptimas de acceso a la oferta educativa y, en los barrios más pobres del país, la falta de aulas en el nivel inicial y el secundario es un dato no menor”, afirma la especialista de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Seguir leyendo...
Texto: Andrea Vulcano
Fuente: Revista Tercer Sector




