Bernardo Kliksberg: escuchar a El Principito


José Antonio Abreu, insigne músico venezolano, ganó el Premio Príncipe de Asturias 2008. En 1975 comenzó a formar orquestas sinfónicas juveniles con los niños más pobres de Venezuela. Transformó las vidas de más de 100.000 niños.

Sus orquestas han recorrido el mundo, y uno de los chicos que formó, Gustavo Dudamel, dirige la Orquesta Filarmónica de los Angeles, y la ciudad pidió reproducir la experiencia. Dice Abreu que los jóvenes pobres aprendieron en las orquestas música, pero además trabajo en equipo, disciplina, cooperación y, sobre todo, recuperaron su dignidad. Están en marcha en otros países de la región experiencias sociales similares con música, coros populares, teatros y talleres literarios.

En Brasil, la Unesco, dirigida por Jorge Werthein, concibió el exitoso programa de Escuelas Abiertas, convertido en política pública. Las escuelas de algunas de las zonas más pobres y con más delito se abrieron los fines de semana y ofrecieron a los jóvenes aprender danza, teatro, ballet y otras expresiones culturales. Esto llevó a una baja de la criminalidad en la escuela y la comunidad.

En nuestro país, la introducción en diversas villas de murgas para los jóvenes, ballets folklóricos y su encuentro con prestigiosos creadores culturales tuvieron efectos de gran positividad.

Dignidad y cultura están muy ligadas en las comunidades pobres. Se suele desvalorizar su cultura, inferiorizarla hasta ridiculizarla. Con eso se mina su autoestima y su identidad. Seguir leyendo...

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