Fundamentación


En el actual contexto nacional y global asistimos a profundos cambios en las relaciones entre las sociedades y los Estados, tanto en el campo económico-financiero como en el político.

En América Latina se han consolidado procesos de democratización que si bien promovieron el ejercicio pleno de los derechos políticos, no han brindado respuestas efectivas para el problema de las crecientes desigualdades, la brecha cada vez más profunda entre pobres y ricos, la desocupación y el deterioro de las condiciones de vida de miles de personas. América Latina es el continente que manifiesta mayor inequidad. Las políticas implementadas en la mayoría de los países de la región, incluso en aquellos que registran un crecimiento económico sostenido, no han cambiado sustancialmente esta situación y en muchos casos, lejos de mejorarla, la han deteriorado.

Según el informe de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) publicado en el mes de mayo del 2007, América Latina padece un profundo “déficit de cohesión social”.  Ese déficit se expresa en el bajo grado de consenso existente entre los miembros de una sociedad y la debilidad de su sentido de pertenencia a un proyecto común. En esta situación coexisten causas objetivas como la pobreza e indigencia y la inequidad y otras  causas subjetivas como la desconfianza en las instituciones, la falta de reciprocidad y el individualismo.

¿Por qué la política?
La cohesión social concierne al conjunto de la sociedad, no sólo a aquellos grupos excluidos o marginados.
Después de profundas crisis de representatividad de los partidos y de legitimidad de los actores políticos que marcaron el final de los años 90, asistimos hoy a una recuperación de la política como espacio de participación ciudadana y a una revalorización del Estado como regulador de las relaciones sociales, redistribuidor de la riqueza y garante de los derechos sociales.

Sin embargo, los altos índices de pobreza, la exclusión de millones de personas y la falta de cohesión social en las sociedades latinoamericanas continúan vigentes y señalan la necesidad de nuevas prácticas políticas, capaces de responder a las exigencias de la ciudadanía las cuales, aún con reclamos heterogéneos, tienen un común denominador: la búsqueda de justicia y la eliminación de los  privilegios que socavan las bases de la representación y de la participación democrática.

La persistencia de estos problemas se debe en gran medida a que buena parte de los intentos de solución se encuentran cautivos de las divisiones y fragmentaciones que caracterizan el escenario y las prácticas políticas conocidas. Las iniciativas de promoción y desarrollo pierden sentido y eficacia cuando se confunden con estrategias clientelares de sustentación del poder. Por eso, para encontrar soluciones verdaderas a estos problemas se requieren marcos de concertación capaces de devolver a las políticas públicas de desarrollo e inclusión social las necesarias visiones de largo plazo.

Desde el 2003 la Fundación Cláritas trabaja para dar una respuesta concreta a esta realidad. Para ello, centra su misión en la formación de actores sociales, económicos y políticos desde la  búsqueda y promoción de la cohesión social y la fraternidad.
La fraternidad resulta ser un principio de alta significación para el presente de América Latina, en tanto permite dar cuenta de los aspectos multifacéticos de la cohesión social: inclusión socioeconómica, reconocimiento de la diversidad, confianza en las instituciones, refuerzo de la solidaridad y del sentido de pertenencia a la comunidad.

La fraternidad convoca a políticos y ciudadanos a trabajar juntos en la búsqueda de un bien común que incluye a todos e implica el empoderamiento de quienes menos poder tienen, la revalorización del espacio público y su construcción colectiva.
Para esto, aporta su método por excelencia: el diálogo, que supone el reconocimiento del otro como interlocutor válido y necesario y que no niega el conflicto sino que crea las condiciones para su abordaje.

El ejercicio de la fraternidad requiere una ciudadanía responsable que asuma conscientemente que todos somos actores políticos y sujetos de derechos inalienables, con posibilidad de unirnos e  incidir en los asuntos públicos para construir una sociedad más justa, inclusiva y cohesionada.  

Este es el marco y las bases sobre las cuales se desarrollará el II Encuentro Virtual Latinoamericano “Responsabilidad ciudadana. Caminos de incidencia política para la cohesión social."

Se trata de un espacio de diálogo que utiliza las nuevas tecnologías de comunicación para reflexionar y trazar líneas de acción conjunta sobre la base de la colaboración recíproca con otros colegas de Latinoamérica, para consolidar lazos fraternos que aporten a la superación de las inequidades de nuestra región y a la transformación social  que soñamos.

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