“Cultivar los valores trascendentes y éticos para darle sustentabilidad a la organización”


Jorge Juan Ricardo Drab es alumno de la Escuela de Emprendedores Sociales y el Presidente de la Asociación Civil Fraternidad por una Vida Digna,  que apoya a familias para construir su vivienda propia en la localidad de Cañada de Gómez, provincia de Santa Fe, Argentina. Además de las tareas propias del cargo directivo, es Arquitecto y se encarga de organizar la tarea de construcción. Su tarea de liderazgo se refleja en el acompañamiento integral a los vecinos  que trabajan para transformar su realidad.

 

-Cláritas:          ¿Qué actividad  realiza la organización? ¿Cómo comenzó su trabajo?

-Jorge:     Nuestro objetivo es ayudar a las familias humildes en la construcción de su vivienda propia. Por ayuda mutua o inserción en planes gubernamentales. Comenzó en 1975 cuando se inauguraron las 31 viviendas del barrio “Juan XXIII”, construidas el cien por ciento por ayuda mutua. Las familias amortizaron el crédito y cuidaron con cariño lo que tanto esfuerzo les llevó.

Años más tarde, Jorge Drab se radicó un tiempo en Rosario con su familia y allí tuvo la oportunidad de colaborar con su esposa e hijos de varios emprendimientos cooperativos. En uno de ellos se logró la construcción de 26  viviendas.

-C:           ¿Cómo es la dinámica de trabajo?

J:          Se les provee los materiales, el terreno y el asesoramiento técnico. Terminada la vivienda, las familias amortizan la inversión en cuotas mensuales a doce años que se destina a un fondo rotativo. Los titulares de la Comisión Directiva se ocupan de todos los aspectos (con la colaboración de las familias beneficiarias en algunos temas). Desde la búsqueda de donantes u operatorias gubernamentales, llevar la contabilidad, el cobro de las cuotas a los asociados, etc. Con las familias que están construyendo y con las que se preparan para el futuro tenemos reuniones mensuales donde se reflexiona sobre los valores de la solidaridad, la fraternidad y la ayuda mutua, y se programan las distintas actividades: cenas, eventos, jornadas solidarias, etc.

Además del trabajo de los albañiles y de las familias, contaron con “brigadas” que voluntariamente venían a colaborar por un tiempo limitado, a veces un fin de semana. En una oportunidad recibieron a un grupo  de trece personas de Estados Unidos y Canadá, que trabajaron corrido durante 10 días realizando diversas tareas, excavando y haciendo cimientos, cortando las paredes y colocando  la  cañería  de la  electricidad, entre otras actividades.

J: Era un grupo heterogéneo compuesto por algunos estudiantes terciarios, una Ingeniera, un pastor y su esposa, un estudiante de abogacía y también una enfermera. Eran más mujeres que varones, de todas las edades y que se encontraban juntos por primera vez. Fue una experiencia muy interesante, tanto para  nosotros como para ellos que se fueron muy conformes con la convivencia realizada, a tal punto que luego nos escribieron desde su ciudad de origen, diciéndonos que esta experiencia les había cambiado la vida.

En el enfoque de la Escuela de Emprendedores Sociales, la tarea de gestión del emprendedor social contempla dos vectores:

la profesionalización de los actores a través del desarrollo de sus capacidades de gestión, recorriendo temas como liderazgo, administración, comunicación, financiamiento, negociación, etc. 

Y  la reflexión sobre el marco ético dentro del cual debe desarrollarse dicha gestión para que quienes ocupan posiciones de liderazgo en  las organizaciones puedan contribuir a la construcción de una cultura de compromiso, transparencia y reciprocidad.

-C:           Sobre la capacitación de la Escuela de Emprendedores Sociales, ¿Qué le aportó en cuanto a herramientas y material? 

-J: Me ha ampliado el panorama, me ha permitido conocer otras experiencias, me ha provisto de un material de lectura muy interesante. Realicé los cursos sobre Recaudación de Recursos, de Emprendedores Sociales y el de Gestión OSC. El último curso me ha dado impulso para tratar de mejor la organización en base a un organigrama con diferenciación de las tareas y un plan estratégico. 

-C:           ¿Qué cambios logró la organización a partir de lo adquirido?

-J:   Aún no podemos hablar de logros pero estamos en marcha, con una mayor participación de las familias interesadas en las actividades de la asociación, según sus capacidades.    Principalmente me fui formando en el accionar cooperativo y comunitario y la experiencia del campus virtual me parece un método muy interesante. 

 

-C:          ¿Qué entiende por emprendedor social?  ¿Cuáles son sus desafíos?

-J:          Creo que el “emprendedor social” debe ser una persona con vocación de servicio, con un gran sentido de escucha, y de valoración de la realidad en la que le toca desenvolverse. Asimismo debe tener condiciones organizativas y de mando. No debe ser personalista sino que debe capacitar e involucrar la mayor cantidad posible de colaboradores, dentro de la comisión y del voluntariado. Esto es un poco también el desafío, reemplazar la cultura hegemónica por la participativa, el individualismo por el respeto a la diversidad y fomentar la relacionalidad. Mi experiencia me indica que se deben cultivar los valores trascendentes, éticos y espirituales entre los involucrados en el emprendimiento para darle sustentabilidad a la organización.      

 

 

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