Un antídoto contra la pobreza
Por Luciana Gineste
Bien utilizados, los microcréditos son efectivos instrumentos para combatir la pobreza y dignificar al ser humano. Sin embargo, no siempre las entidades que los otorgan persiguen este único fin.
En 2006, Muhammad Yunus y su creación, el Grameen Bank, fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz. Un nuevo reconocimiento al creador de un novedoso sistema de financiamiento basado en créditos de muy pequeño monto: los microcréditos. El jurado que otorgó el galardón manifestó que no podría alcanzarse una paz duradera hasta que una gran parte de la población mundial encontrara el modo de salir de la pobreza, y aseguró que los microcréditos constituyen una de las formas de conseguirlo.
¿En qué consisten? En un sistema de préstamos para gente que está excluida del sistema tradicional de crédito. Surge como respuesta a las necesidades de financiamiento de la población más pobre, que no es atendida por los bancos tradicionales por no poder cumplir con los requisitos que éstos exigen (ingresos, garantías, etc.).
Una de las experiencias más importantes y difundidas en este sentido es la del ya mencionado Grameen Bank (o Banco de los Pobres), nacido en Bangladesh en 1974, para luego cobrar relevancia y expandirse en todo el mundo persiguiendo el ambicioso sueño de su creador: devolver la dignidad a los pobres luchando por un mundo sin pobreza.
El sistema Grameen otorga créditos de muy pequeño monto (en promedio alcanzan los 160 dólares) a personas de escasos recursos sin la exigencia de ningún tipo de garantía. La base es la confianza mutua, la responsabilidad, la participación y la creatividad. Las prestatarias son, en su mayoría, mujeres. Los créditos se destinan a emprendimientos individuales, pero deben ser solicitados en grupos homogéneos de cinco personas, y se devuelven con interés a una tasa del 20 por ciento. Asombrosamente, el reembolso supera el 95 por ciento. La metodología produce beneficios económicos y sociales en los destinatarios.
Hoy en día existen unas 230 réplicas del Grameen Bank en más de 66 países, que han logrado resultados concretos y palpables. Sólo en esta organización, y a escala mundial, se contabilizan más de 2,3 millones de prestatarios, de los cuales el 66% ya supera holgadamente la línea de pobreza.
En Latinoamérica, el fenómeno del microcrédito ha tomado gran relevancia. Existen varias instituciones que no sólo han alcanzado grandes dimensiones en su país, sino que además han hecho aportes de suma importancia en sus economías. También en la Argentina este instrumento ha tenido gran repercusión. Las microfinanzas comienzan a gestarse en la década de los ’90, como respuesta al incremento de los niveles de pobreza e indigencia y se consolidan en los últimos años con la aparición de nuevos actores en el segmento y el interés del gobierno en el tema. Hoy en día trabajan en el país un centenar de instituciones de microfinanzas, que atienden a casi 30.000 clientes con resultados cuantitativos y cualitativos en sus beneficiarios.
A nivel local, sin embargo, el fenómeno del microcrédito presenta características muy dispares. Las diferencias son muchas y van desde los montos otorgados o las tasas de interés cobradas a los prestatarios, hasta la tecnología utilizada, que puede pasar del crédito individual al de Bancos Comunales o a los Grupos Solidarios.
Las discrepancias también pasan por la motivación de los actores que intervienen; mientras que muchas de las iniciativas persiguen el ambicioso anhelo de Yunus de luchar por un mundo sin pobreza, otras tantas responden a intereses meramente económicos y cobran tasas muy por encima de lo necesario o gastan sus recursos y energías en sacar clientes a otras entidades, creando competencia en un segmento en donde debería primar la cooperación. Muchas veces son esas mismas instituciones las que poseen una visión reduccionista, al creer que la pobreza es sólo un tema económico y entender que el problema se resuelve sólo con dinero.
Este hecho no deja de ser preocupante y nos obliga a preguntarnos cuál es el abordaje adecuado para el microcrédito.
La clave parece estar en trabajar el tema desde la perspectiva económico-social, sin descuidar este último aspecto, que le da al microcrédito su verdadero valor y que se traduce en resultados comprobables: una mejora en la autoestima de los beneficiarios, en la educación, un fortalecimiento de los lazos entre las personas involucradas, etc. Cuando se comprende esta doble perspectiva, el microcrédito adquiere su verdadera dimensión y se constituye no sólo en un poderoso instrumento de ayuda para la superación de la pobreza, sino también en una eficaz herramienta para la dignificación del hombre.
Información
En nuestro país, algunas de las entidades de microcrédito más importantes son: Grameen (Aldeas) Argentina, Fie Gran Poder S.A., FIS, Grameen Mendoza, Argentina Microfinanzas, Banco Mundial de la Mujer, Pro-Vivienda Social, entre otras.
Claves
El microcrédito es un sistema de préstamos para gente excluida del sistema tradicional de crédito, y otorga financiamiento a sectores pobres de la población, que podría cumplir con los requisitos que exigen los bancos tradicionales.
En el mundo, se estima que el ingreso familiar promedio de los miembros del Banco Grameen es casi un 50% superior al de posibles candidatos que residen en aldeas donde no opera el Banco, y un 25% superior al de posibles candidatos que no son miembros en aldeas donde sí opera el Banco.
Artículo publicado originalmente en: Revista Ciudad Nueva, nro. 483, Noviembre de 2007, Argentina. Versión digital disponible en: http://www.ciudadnueva.org.ar/v2/revista_articulo.php?id=146




